domingo, 15 de febrero de 2009

Desnutrición y tuberculosis

NORTE del 3/8/07 en página 2 titula: “Por desnutrición y tuberculosis murieron otros dos aborígenes en El Impenetrable”. Eliseo Victorio de Fortín Lavalle y María García de El Colchón. Son los dos últimos de una sucesión desconocida en número e identidades, de personas, seres humanos, prójimos, hermanos por ser criaturas de Dios como todos nosotros; pero ocurre que son aborígenes. Es una clara responsabilidad del Estado provincial, del gobierno de la Alianza, que ha demostrado palmariamente ser discriminador racial, a través de las identidades de Rozas, Nikisch, Matkovich, Heffner, los titulares del Instituto de Colonización de los últimos doce años y los responsables políticos de las áreas de mayor concentración de aborígenes: Fontana, Villa Río Bermejito y Castelli, entre otras.
El gobierno de la Alianza, desde Rozas para acá, no hizo ni dejó hacer nada para resolver el problema nutricional de los sectores indigentes. Cuando hubo una médica que residió en la Colonia Aborigen Chaco, y atendió de manera permanente el puesto sanitario, y promovió huertas y viveros entre los habitantes —como fue la doctora Jacobo—, fue trasladada por el rozismo para resolver una interna pueblerina del partido radical, en la que ella no tenía nada que ver. Y luego otra vez la nada. Fue inútil que los aborígenes pidieran por ella. No existe un programa que llegue hasta esos sectores con entrega de alimentos, como la supersopa o la soja, por ejemplo. El rozismo desechó por inviable el proyecto de la Cooperativa Frutihortícola, cuya ración costaba veinte centavos cuando fue formulado. No dejó hacer y, a cambio, no hizo nada. Veinte centavos por persona y por día hubieran impedido en el tiempo estas muertes inútiles e infamantes. Sí, infamantes. El cómo distribuir los alimentos en el monte o en los conurbanos emergentes también es una responsabilidad vacante del rozismo. A mediados de la década del 60 y luego se desarrolló en el Chaco el programa de Salud Rural. Agentes sanitarios adiestrados, muchos de ellos aborígenes, recorrían a pie, a caballo, en bicicleta, cada rancho de su área. Su misión era vacunar, derivar enfermos, enseñar a construir letrinas y brindar conocimientos elementales de educación sanitaria. Me tocó supervisarlos en 1971, como jefe de zona sanitaria, y comprobé la eficiencia de su labor. Nada de eso existe hoy; y lo que es inviable es realizar atención primaria en salud y asistencia social sin tener estos elementos humanos y esta organización. A doce años de gobierno del rozismo, es clara su responsabilidad por todas estas falencias y por estas muertes evitables.

La nutrición
y la tierra
Un pedazo de tierra apta para ser labrada es el mejor seguro contra el hambre. Es así desde el fondo del tiempo, desde que el hombre —hace miles de años— dejó de ser nómade y recolector, para ser sedentario y productor de sus alimentos. La política de la tierra pública del rozismo no fomentó micropymes agrícolas, ni minipymes, ni pymes del campo. Despojó de sus tierras a aborígenes y pequeños productores, para realizar negocios corruptos, comprobados hasta el hartazgo. Promovió la concentración y el latifundio con esos turbios manejos de la tierra pública. La negación de la verdad histórica del Chaco, la negación de su propia doctrina política. Todos esos despojados de la tierra son los desnutridos de Fontana y de El Impenetrable. Los exorbitantes precios de las verduras y hortalizas que estamos padeciendo son el resultado del desaliento y la destrucción del minifundio. Ya no existe esa corona de pequeñas chacras que rodeaban las ciudades y proveían de alimentos que ahora vienen de otras provincias, sometidos a una evidente especulación.
El rozismo parece profesar el antihumanismo de suprimir la autogestión del hombre y la mujer, y promover a cambio la dependencia de la dádiva y el clientelismo oficiales que llevan a un cautiverio. Todo humanismo promueve la libertad, no el cautiverio.

Respuesta del gobierno
NORTE del 4/8/07 en página 9 titula: “Mayol adjudica a una campaña la aparición de aborígenes desnutridos”. Esta zoncera llena invariablemente las bocas de los funcionarios del rozismo, toda vez que se ven acorralados por sus propios errores, sus frecuentes omisiones, sus notorias ineficiencias. Es una campaña, hay intencionalidad política, etcétera. Como si se pudieran fabricar desnutridos, como si los que aparecen no lo estuvieran. El copete del artículo agrega: “Hay hábitos culturales. Ellos tienen su forma de comer y no aceptan la nuestra”. Una zoncera tras otra. Como si alguien que se está muriendo de hambre no acepte comida por hábitos culturales. Encima es irreal, inconcebible. Quienes hemos recorrido palmo a palmo las colonias y asentamientos aborígenes en ocasión de nuestro trabajo en salud pública sabemos que los aborígenes comen las mismas cosas que nosotros, cuando tienen qué comer. Esta fue la respuesta del Ejecutivo provincial, en la identidad del ministro de Salud.

El ejemplo del doctor Cichetti
Por el comportamiento secular de las enfermedades infecciosas crónicas en el seno de las comunidades, los aborígenes padecen la tuberculosis con mucho mayor frecuencia que el resto de la población. Por igual motivo, no padecen lepra. En el Chaco, de mediados de la década del 60 hasta el advenimiento de la dictadura militar, con trabajo de los equipos de salud se obtuvieron logros importantes. Como responsable del Programa de Tuberculosis en el interior provincial, recorrí todo el Chaco buscando en los hospitales colegas que se responsabilizaran de la atención de los tuberculosos. Salud Pública de la Nación nos proveía medicamentos en cantidad más que suficiente; teníamos los depósitos llenos. Debíamos llegar hasta los enfermos y dárselos, tratarlos. En esa tarea conocí al doctor Cichetti, en Castelli. Había sido capitán de navío médico, jefe de cirugía del Hospital Naval Central, dado de baja en 1955 por peronista. Enviudó también por entonces. Ingresó en una iglesia protestante que lo envió como misionero al Mato Grosso boliviano, allí contrajo una enfermedad tropical, por lo que vino a Castelli a atender a aborígenes tuberculosos. No lo hacía en un servicio oficial, sino en el de su iglesia. Todo el presupuesto se le iba en comprar medicamentos y se hallaba limitado: no a todos podía tratar con todo lo necesario. Cuando le dije que, pese a no ser un servicio oficial, le íbamos a proveer todos los medicamentos —fue una transgresión de mi parte—, vi en sus ojillos penetrantes un brillo de alegría, como no volví a ver en mi vida. Con lo que dejó de gastar en medicamentos organizó un comedor para cientos de aborígenes. Los reunía, les daba un sermón religioso, la comida y los remedios. Era 1968. Estuve varias veces allí. Los aborígenes comían lo que cualquiera, cuando puede. La única cultura que les estamos dando es la del hambre, señor ministro. El doctor Cichetti era venerado por los aborígenes. La sencilla fórmula fue amar a su prójimo, como enseñó Cristo.

Otras voces frecuentes
NORTE del 3/8/07 en página 3 titula: “El gobierno provincial y el Idach deben afrontar esta dolorosa realidad”, dice el padre Lestani. NORTE del 2/8/07 en página 9: “No es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”.
Son voces de la Iglesia Católica, impensables de intencionalidad política o pertenencia a alguna campaña. Son voces que recuerdan la conciencia moral que muchos han perdido en el trajín político o en el afán de poder o de riqueza fácil.
NORTE del 2/8/07 en página 9 titula: “Me engañaron”, aseguró la mujer. Información enviada desde la Casa de Gobierno en la que Rosa Molina dice que creía que iba a hablar con un sacerdote y le darían el abrigo que necesitaba, que no sabía que la aguardaban personas y fotógrafos. Es otra voz —también para escuchar— acerca de las circunstancias. Lo inequívoco es la indigencia y la desnutrición extremas de Rosa Molina.

La desnutrición
La desnutrición es una enfermedad carencial. Su remedio consiste en la administración de proteínas y otros alimentos; pero proteínas, sí o sí. Son proteínas la leche y sus derivados, todas las carnes, los cereales, en especial los porotos; y, dentro de ellos, el que más conviene es el de soja, por su alto contenido en ellas y su bajo costo. Si en la provincia que produce cientos de miles de toneladas de soja hay desnutridos, es porque no hay política de salud ni política social por parte del gobierno. Si fue desechada por inviable la producción de supersopa por el rozismo, es porque en doce años de gobierno no tuvo una política que vincule la nutrición popular, el fomento de agroindustrias y de la producción de verduras y hortalizas. El rozismo está desnutrido de políticas, se alimenta de eslóganes vacíos que repiten hasta abrumar por las radios y cuestan fortunas, que —volcadas a la alimentación de los indigentes— hubieran evitado tantas muertes infamantes.

Otro eslogan vacío
NORTE del 7/8/07, en página 7: “María, otra aborigen muerta por desnutrición”; y un poco más abajo: “Nikisch: Hay desnutridos y es necesario el compromiso de todos”. Más adelante: “Se tiene que saber desde la comunidad del Chaco que se está trabajando mucho y que el sistema de salud funciona muy bien en todos los rincones. Lo que sí es necesario es el compromiso de todos”. Esto es un sarcasmo. Algo que funciona muy bien da muestras inequívocas de eso. Las políticas de un gobierno se evalúan por sus resultados, y éstos son desastrosos. Apelar al compromiso de todos es mofarse del pueblo, de los que votaron al rozismo doce años para que hiciera lo que prometió y evidentemente no hizo; es demagogia barata. Pero tal vez estamos presenciando el nacimiento de otro eslogan vacío como los anteriores del rozismo: “Con el compromiso de todos”.
NORTE, en la misma página, titula: “Comenzaron a llegar delegados indígenas para la marcha de mañana”. En él, el dirigente Egidio García afirma: “Hemos comprobado el estado de abandono de muchos de los hospitales, tal es el caso de Misión Nueva Pompeya o Castelli. Esto no hace más que demostrar que están abandonando a las comunidades indígenas. Esto es un etnocidio, tienden a hacernos desaparecer”.
Recemos por nosotros mismos, que estamos permitiendo con nuestro desinterés que hermanos nuestros se mueran de hambre.

La zoncera del estribo
NORTE del 3/8/07 en página 10, en recuadro, titula: “Protección al tuberculoso”, y dice que la Legislatura aprobó una resolución que declaró de interés legislativo el té aniversario a beneficio del Centro de Protección al Tuberculoso. La diputada Marita Barrios afirmó: “Quiero expresar a través de este reconocimiento la importancia del trabajo que realiza el centro, que manifiesta la magnitud del daño que esta enfermedad provoca y que por medio de acciones de promoción, protección, tratamiento y rehabilitación, llegan a su control y erradicación”.
Todos conocemos la labor llena de nobleza de esa institución que lleva cincuenta años haciéndolo. Pero las acciones de promoción, protección, tratamiento y rehabilitación, por masivas, por demandar recursos humanos cuantitativamente importantes, y recursos presupuestarios significativos, le competen al gobierno y no a una abnegada institución de apoyo voluntario. Decir que llegan a su control y erradicación es verborrágico e inconsistente. Una enfermedad controlada no produce muertes infamantes como estas que estamos presenciando. Control, en castellano, es control; y su traducción en cualquier idioma es lo mismo. Erradicar la tuberculosis es sólo una ilusión irrealizable hasta para los países del primer mundo. Es saludable no hablar de lo que no se conoce. Se cometen zonceras como ésta, que es la única respuesta que tiene la Legislatura del Chaco para este problema. Con todo el poder que tiene una legislatura para aprobar programas, destinar fondos, formular políticas de salud y asistencia social para el corto, mediano y largo plazo, no consigue que caiga una idea en el recinto. Sólo esta declaración formal de interesarse por un té a beneficio de una abnegada y tradicional institución de apoyo voluntario a las acciones que el gobierno debiera realizar por mandato de su razón de ser, de su investidura, del dinero de todos nosotros que mal maneja o despilfarra.

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